Sobre la tolerancia

Café Filosófico en Vélez-Málaga 12.9

17 de junio de 2022, El Pianista del Carmen, 18:00 horas

Preguntó, entonces, Hermes a Zeus la forma de repartir la justicia y el respeto entre los hombres: “¿Las distribuyo como fueron distribuidas las demás artes?. Pues éstas fueron distribuidas así: con un solo hombre que posea el arte de la medicina, basta para tratar a muchos legos en la materia; y lo mismo ocurre con los demás profesionales¿Reparto así la justicia y el poder entre los hombres, o bien las distribuyo entre todos?”. “Entre todos, respondió Zeus; y que todos participen de ellas; porque si participan de ellas solo unos pocos, como ocurre con las demás artes, jamás habrá ciudades”.

Platón, Protágoras (“El mito de Prometeo”)

Y había llegado el final de la temporada de cafés filosóficos en Vélez-Málaga. Comenzamos tomando el sol en la terraza de El pianista del Carmen, con vistas a la fortaleza, allá por octubre del año pasado, y estábamos acabando refugiados en el aire acondicionado de uno de sus espacios. A pesar de la tarde tórrida, no decayó la asistencia. Ellos y ellas no se preguntan: ¿para qué la filosofía? Han saboreado su valor. El moderador del encuentro quiso cerrar un círculo, y propuso una pregunta de autorreflexión muy parecida a la de aquella tarde de otoño. Porque el tiempo vivido no tiene la forma de una cronología, ni se trata del tiempo del reloj, sino de la duración de nuestras vidas, según Henri Bergson. Mientras tanto, nos han pasado muchas cosas, a cada cual las suyas, y ese tiempo no ha pasado en balde, lo hemos vivido de un modo y nos ha transformado de alguna manera. Por lo pronto, hemos atravesado una pandemia. Soy lo que era y no lo soy. Pues bien, piensa, “después de todo esto, me he vuelto más, o menos…”. Puede ser que yo note el cambio en alguno de mis personajes, pero puede ser que afecte a algo más profundo. Veámoslo en el caso de los participantes y las participantes, a la par que tú miras lo tuyo.

 

Me veo más mayor, que no es lo mismo que serlo; me he vuelto más polifacética y menos atacada; me siento más agradecida, más libre, como en mi casa; ahora soy menos idealista, menos ingenuo, quizás; me siento muy agradecida a todo y a todos; me noto más creativa, más productiva y agradezco todo esto; sigo pensando que somos más vulnerables de lo que creíamos, pero me siento vitalista; yo, sin embargo, me siento más apagada en estos momentos; percibo que estoy más relajada y que soy más paciente; ahora me valoro mucho más que antes; siento decir que aprecio más desengaño en mí; pues yo me he vuelto más independiente y más crítico, y me quiero más así.

Entrando ya en la materia del día, diremos que, siendo la tolerancia una virtud y un valor, con frecuencia abusamos de su significado y nos internamos en ciertos callejones sin salida. Ni la tolerancia tiene que ver con la condescendencia hacia los demás, ni con tener que soportar sus conductas, ni con permitirles lo que no puede ser permitido. La tolerancia posee límites, efectivamente, pero habrá que mirarlo en relación a su esencia, y no en relación al uso y abuso de tal excelencia que la práctica humana ha ido generando: el respeto por las ideas, creencias o acciones de los otros, especialmente cuando no son afines, o son contrarias, a las mías. Sólo hay que entender adecuadamente el sentido de ese “respeto”. Ahí estaba la clave. Y el grupo también sufría la ola de confusión que afecta a este concepto, y su puesta en práctica, y sucede en muchos otros casos de grandes palabras como libertad, amor o felicidad. Se mezclan sentidos y nos perdemos en los diferentes contextos particulares. Pero, para eso es el diálogo filosófico, para dilucidar y para aclararnos. Entonces, en aras de este respeto o tolerancia, ¿todo puede, o debe, permitirse? ¿Todo es tolerable? ¿Posee límites la tolerancia? Este era el núcleo de la preocupación aquella tarde, en que habíamos tenido que refugiarnos del tórrido calor que reinaba más afuera.

Primero, el grupo estuvo tratando de situar el carácter universal del valor de la tolerancia. Y claro que hay diferencias culturales, pero si nos dejamos llevar por el relativismo (“cada práctica humana sólo puede ser comprendida dentro de su propio contexto cultural o individual”), si lo extralimitamos, esto puede llevar a la confusión (y al peligro) de tener que justificarlo todo, hasta niveles, quizás, injustificables. Puede llevarnos, y de hecho nos lleva muchas veces, a una tolerancia pasiva que raya en, o se estrella contra, la indiferencia moral y a la falta de compromiso social. De ahí que el moderador propusiera probar nuestra capacidad de juicio, como diría Kant, a través de algunos casos, cosecha de los participantes y las participantes allí reunidos, que nos faciliten extraer unas pocas conclusiones básicas. ¿Qué sería absolutamente intolerable? Por ejemplo, la usurpación de la vivienda de otra persona, el abuso de menores, la mutilación genital femenina, la violencia en todas sus formas, cualquier forma de descuido de la dignidad humana, el abuso de confianza, la falta de compromiso social, el uso del velo islámico en las mujeres… Y si los pensamos a fondo, estos casos, seguro que aparecen insuficiencias en la consideración de su carácter intolerable. Es posible que, en algunos contextos, este tipo de casos puedan entenderse o comprenderse (tú mismo o tú misma, querido lector o lectora, quizás puedas pensar una situación que sea comprensiva con alguno de los casos). Esto es necesario: tolerar implica el respeto al otro como ser humano, y se gesta comprendiendo al otro y sus porqués. Pero esto es importante: una cosa es comprender, y otra muy distinta justificar o transigir con la injusticia o los atentados contra la dignidad humana.

Seguramente, podemos cuestionar el carácter universal sensu stricto, o bien su completud, de los Derechos humanos, pero también es posible pensar juntos unos mínimos morales y de justicia que, adaptándolos a cada contexto y su idiosincrasia, pudieran lograr una unanimidad de juicio y fijar un límite de lo que es tolerable, digno o no digno de ser respetado. Esta capacidad de juicio (justo y razonable) también se educa y se desarrolla. Solamente se requiere el contexto de una gradual libertad de pensamiento y de acción de las personas. Lo pensaban los filósofos ilustrados y en ello confiamos, que las aguas vuelvan a su cauce, más allá la vocinglera y peligrosa posverdad. Nuestro diálogo filosófico, en algo habrá contribuido… O eso esperamos.

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