El hacedor de ángeles – Stefan Brijs

Título: “El hacedor de ángeles”              Autor: Stefan Brijs

Fecha: 22 de junio                                     Hora: 18:30

Lugar: “Hotel Torremar” de Torre del Mar

Resumen del libro

VictorHoppe, un doctor de dudosa moral y cierta ceguera emocional, se ve obligado a regresar a su pueblo natal, Wolfheim, una pequeña urbe en la frontera de Holanda, Bélgica y Alemania, después de dos décadas de ausencia. Su carácter huraño y misterioso choca con el recelo de sus habitantes, sobre todo cuando comprueban que le acompañan tres trillizos -Gabriel, Miguel y Rafael- afectados por cierta anomalía. Tras lograr varias curaciones milagrosas, la popularidad del doctor mejora en el pueblo, pero el hecho de que apenas se vea a los trillizos levanta todo tipo de rumores y sospechas.

Resumen de la sesión

No sé si seréis conscientes de lo gratificante que es para un Club de Lectura contar con la presencia del autor en la sesión de análisis de su libro, en este caso Stefan Brijs, pero lo es mucho más si  le acompaña el traductor del mismo, Julio Grande, ya que la obra original está escrita en flamenco. Ambos nos hicieron pasar una hora y media muy agradable que os intentaré resumir.

Como siempre hacemos, leímos en primer lugar la biografía del autor de la que os escribo un resumen: “Stefan Brijs es un escritor belga de lengua flamenca, nacido en Flandes en 1969. Desde 1999 es escritor a tiempo completo. Cultiva una variedad de estilos, siendo uno de los escritores flamencos actuales más importantes. Con “El hacedor de ángeles”, su tercera novela, ha logrado su consolidación como autor, obteniendo numerosos premios. Ha sido traducida a las seis principales lenguas europeas y posiblemente también  sea llevada al cine. En 2014 se instaló en Andalucía, interesándose por su historia, su cultura y sus costumbres. Se preocupa mucho por los efectos desastrosos del cambio climático sobre lo que también ha escrito. Es un gran divulgador de Andalucía en Bélgica y Países Bajos. Actualmente vive en la Axarquía malagueña donde, según él,  encuentra los paisajes, la luz y los sonidos que necesita para inspirarse“.

En esta ocasión tan especial leímos también un texto dedicado al traductor Julio Grande, que fue elaborado por nuestra compañera Melanie, y que tiene su pizquita de humor:Julio Grande, gran profesional y mejor persona, amigo de sus amigos y tío de sus sobrinos, lleva traduciendo literatura desde 1992. Estudió Filología Alemana en la Universidad Complutense de Madrid, donde después estuvo de profesor asociado a tiempo parcial durante diecisiete años impartiendo clases de lengua, literatura y arte neerlandesas, hasta que le echaron sin mayores contemplaciones ni indemnizaciones. Desde entonces, procura sobrevivir en exclusiva de la traducción de libros con tarifas dignas, superiores a las que se estilan en el mercado español. No sabemos cuánto tiempo podrá seguir así. Entre los autores flamencos y neerlandeses más destacados que ha traducido, además de Stefan Brijs, podemos encontrar a Cees Nooteboom, Arnon Grunberg, Gerbrand Bakker, Stefan Hertmans y Tom Lanoye, hasta llegar hasta casi un centenar de libros.”

Seguidamente, Stefan Brigs, para facilitarnos su comprensión, dadas sus dificultades con el idioma, -menos de las que él nos dice tener- leyó un texto en el que nos habló de su experiencia literaria y, sobre todo, de cómo se gestó “El hacedor de ángeles.”

“Por supuesto, me muero de curiosidad por conocer vuestra opinión, pero antes querría contaros algo sobre la génesis de mi novela “El Hacedor de Ángeles”. La idea se fue conformando a finales del siglo XX con el nacimiento de la oveja Dolly, el primer mamífero clonado. En ese momento, casi todo el mundo pensaba que dentro de unos pocos años se podría llegar a clonar al primer ser humano. Yo también, pero al mismo tiempo me preocupaban las consecuencias que podría traer consigo la clonación de ese ser humano. Me preguntaba qué se sentiría al ser un clon. ¿Cómo lo descubriría? Un día tu padre te llama y te dice: oye hijo, tú no eres mi hijo y yo no soy tu padre; tú eres yo y yo soy tú…  Y tu madre no tiene nada que ver con tu madre, ni siquiera con un familiar, ella solo te llevó dentro y te dio a luz; tu madre, en realidad, es tu abuela… Un poco raro, ¿no? Pero con mi extraordinaria imaginación fueron datos más que suficientes para desarrollar una historia sobre qué pasaría si alguien fuera un clon.

Entonces, empecé a escribir una historia de unos niños que vivían en un pueblo pequeño y que hablaban de su propia vida, pero no sabían que eran clones. Tampoco sabían que iban a morir muy jóvenes, porque ––como Dolly–– envejecían demasiado rápido. Solo eran conscientes de que su padre solía hacer experimentos con ellos, y por eso le odiaban tanto que decidieron asesinarle. 

La escritura se desarrollaba sin problemas. En menos de un año, terminé la primera parte del libro, que tiene aproximadamente el mismo contenido que en la versión definitiva, pero el narrador era uno de los tres niños y estaba contado en primera persona del singular. Y, después, quise ponerme con la segunda parte, ¡nada! No tenía ni idea de cómo continuar. Ni la más remota idea. No entré en pánico porque eso es algo que me suele ocurrir muy a menudo. Siempre escribo sin plan ni esquema. Para mí, escribir una novela es como jugar al ajedrez. Conozco la posición inicial y ya está. Toda la historia va desarrollándose durante el proceso de escritura. Y unas veces sale bien pero la mayoría de las veces sale mal.Así que no entré en pánico al no tener ni idea de cómo continuar la historia de los tres niños clonados. Durante el primer mes no. Tampoco durante los dos meses siguientes; pero, al cabo de tres meses ––muerto de miedo––, llamé a mi editor para preguntarle si podría leer esta primera parte y darme su opinión. Algunos días más tarde, me llamó y me dijo dos cositas:

Primero: «Stefan, me parece que el punto de vista narrativo no es el adecuado. No puedes dejar que los niños cuenten la historia, porque con este punto de vista narrativo el lector oirá solo una voz y, a lo largo de la novela, se hará monótono y aburrido. La historia de los niños tiene poca profundidad».Fue un comentario que tuvo muchas consecuencias, porque cambiar de punto de vista narrativo no es nada fácil y, básicamente, significa que tienes que empezar de nuevo, que fue lo que en realidad quiso decir mi editor, pero que no lo dijo literalmente para no desanimarme.Pero el comentario más importante fue el otro: «Stefan», dijo mi editor, «no conviertas a Víctor Hoppe en un monstruo. Haz que siga siendo humano». Y, desde luego, en esa primera versión contada por los niños, a los que les gustaba exagerar, Víctor era un verdadero monstruo. Por eso, mi editor me dijo explícitamente que siguiera tratando a Víctor como un ser humano.

Al mismo tiempo, en ese momento estaba dando clases de escritura a presos en una prisión local. Tenía diez alumnos y el director de la prisión me dijo que entre ellos había dos asesinos, pero yo le dije inmediatamente que no quería saber quiénes eran ––quería estar libre de prejuicios–– y, cuando terminó el curso, al cabo de cuatro semanas y más de veinte horas de clase de escritura, durante las cuales mantuve muchas conversaciones con cada alumno, no llegué a descubrir quiénes eran los dos asesinos.

Y, si me hubiera pedido que señalara a los dos, podría haber señalado a dos personas diferentes.Fue entonces cuando me di cuenta de que cualquiera puede esconder dentro de sí a un asesino, que alguien puede convertirse en un asesino por las circunstancias o la educación, pero eso no hace de la persona un monstruo. Y así, cuando mi editor me pidió que no hiciera de Víctor un monstruo, fui consciente de que tenía que contar su historia en vez de la de los niños. ¿Cómo fue la juventud de Víctor? ¿Por qué quería clonarse a sí mismo? ¿Por qué hace cosas tan terribles? ¿Por qué ve a Dios como a un enemigo? ¿Qué le está pasando por la cabeza? No me quedaba más remedio que comenzar de nuevo. Tiré todo lo que tenía escrito, más de cien páginas, casi un año de trabajo, y volví a empezar, pero con otro punto de vista narrativo, el del narrador omnisciente. Por lo tanto, la novela empieza así:

“Algunos habitantes de Wolfheim siguen afirmando que lo primero que oyeron fue el llanto a tres voces de los bebés en el asiento de atrás y, sólo después, el sonido del motor producido por el taxi que entró en el pueblo. Cuando este se detuvo ante la antigua vivienda del doctor, en la Napoleonstrasse 1, las mujeres dejaron de barrer las aceras al instante, los hombres salieron del café Terminus con las copas aún en las manos, las niñas cesaron de jugar a la pata coja y, en la plaza del pueblo, Meekers el Largo se dejó robar el balón por Gunther Weber, sordo de nacimiento, que tiró a portería pasando por delante de Seppe el del panadero, quien había girado la cabeza hacia atrás. Fue el 13 de octubre de 1984. Un sábado por la tarde. En aquel preciso instante se oyeron tres tañidos de campana procedentes de la torre de la iglesia.”

¿Recordáis cuando dije que escribir es como jugar al ajedrez? Bueno, aquí tenemos la posición inicial. El pueblo de Wolfheim es el tablero de ajedrez y en él están ya mis primeros peones: Victor, los niños, Meekers el Largo, Gunther Weber, sordo… Y el juego ha comenzado.

Cuando terminé la primera parte, supe que en la segunda tenía que contar cómo Víctor se había convertido en quien era, lo que me llevó dos años, porque no siempre sabía cómo continuar la historia. También me sorprendieron frecuentemente algunos de los pasos que dio Víctor. Bueno, terminando la novela, la última parte casi se escribía sola; casi, porque el final no lo supe hasta que empecé a escribir los últimos capítulos. De repente, vi cómo todas las tramas se dirigían hacia ese apoteósico final.

La novela apareció en Bélgica y los Países Bajos en 2005 y entonces no tenía ni idea de cuál podría llegar a ser el efecto en el lector ni si podría llegar a convertirse en un éxito. Habría sido feliz con que el libro llegara a tener una segunda edición, porque mis libros anteriores se habían vendido muy poco: 1000 ejemplares como máximo. Pero las dimensiones de esta novela y el efecto que produjo en los lectores me resultaron claras bastante pronto.

Un día, durante una de mis primeras conferencias sobre la novela, un hombre en la sala me interrumpió en medio de mi discurso. Ese hombre me dijo: 

––Disculpe, Sr. Brijs, por interrumpirle, pero tengo que decirle algo. 

––Está bien, cuénteme ––le dije. 

––Bueno, Sr. Brijs, su novela “El Hacedor de Ángeles” me ha parecido un libro malo. Muy malo. 

––Oh ––le dije sorprendido––, puede ser, pero ¿podría decirme por qué? Quizás podría aprender algo. 

––Bueno ––me dijo el hombre––, comencé a leer su libro; se lee muy bien, de verdad; pero, a medida que iba avanzando en la primera parte, comencé a odiar al personaje principal, ese Víctor Hoppe; de veras, desde lo más profundo de mi corazón. ¡Qué hombre tan terrible! Luego, al leer la segunda parte sobre su infancia y lo que le pasó, me iba dando cada vez más pena ese Víctor según leía. Sí, pena. Y eso es algo imperdonable que no debería haber hecho. No quería sentir pena por un hombre tan malo como Víctor, así que por eso su libro me ha parecido un mal libro.

 ––Señor ––le respondí––, lamento haber herido su sensibilidad; pero, honestamente, esa era mi intención. Quiero conmover al lector con mis libros. Quiero que el lector sea una persona diferente después de haber leído mis libros, quiero que sea capaz de ver el mundo de otra manera, que aprenda algo y que, cuando cierre mi libro, se quede pensando un buen rato. Por eso escribo, no solo para complacerlos, sino sobre todo para conmoverlos. No recuerdo si ese hombre quedó contento con mi respuesta, pero sí sé que mi novela ha tocado una fibra sensible de muchos lectores.

Pasado un mes de la publicación de “El Hacedor de Ángeles” en neerlandés, ya se había publicado una segunda edición del libro y se vendieron más de cinco mil copias. Y eso fue solo el comienzo. Hoy en día se han vendido más de doscientos mil ejemplares en Flandes y los Países Bajos, y el año pasado se publicó la quincuagésima edición.

Además, es una obra que ha inculcado mucho amor por la lectura en los jóvenes, que todavía siguen leyéndola para la asignatura de Literatura en los institutos. También se ha traducido a dieciocho idiomas, incluido el castellano, pero también al inglés, al francés, al alemán, al hebreo, al árabe, al chino y al ruso. Y ha ganado múltiples premios. ¿Recordáis lo que os dije al principio, que me habría gustado que este libro hubiera tenido una segunda edición? Ahora comprenderéis lo feliz que soy.” Una gran salva de aplausos acompañó a estas últimas palabras.

A continuación tomó la palabra Julio Grande, contándonos cómo llegó hasta el libro para su traducción, publicado en 2009 y cómo conoció a Stefan un año antes. “A mí no me gusta visitar el lugar del libro que traduzco hasta que lo haya terminado. Entonces fui a ver si coincidía con la idea previa que me había hecho. En este caso el pueblo no existe, pero la zona sí, y el punto donde termina la novela, también. La visité y sentí unas vibraciones estupendas. Tenía que hacerle a Stefan una serie de preguntas y como vivía cerca decidí visitarlo personalmente. Por su parte, decía Stefan que para él era también muy importante conocer al traductor. Y es que somos como los megáfonos de los escritores en otros países. Como método de trabajo os digo que, en este caso, leí el libro y seguidamente le pasé un informe a la Editorial para que ella decidiera. Tuvimos suerte. No sé si habré sabido reflejar el fino sentido del humor que tiene Stefan; vosotros lo diréis. También quiero comentaros lo importante que es para nosotros que el lector no sea consciente de que está leyendo una obra traducida y para ello he tenido en cuenta la sintaxis que se emplea en castellano de frases largas que no son frecuentes en neerlandés.” Fueron varios los asistentes que le ratificaron que, en este sentido podía sentirse satisfecho, pues no se percibe en ningún momento que sea una novela traducida al castellano.

Seguidamentel@s asistentes plantearon una serie de preguntas tanto al autor, Stefan Brijs como al traductor Julio Grande, sobre “El hacedor de ángeles”. ¿Por qué pones a los niños con el labio leporino? ¿Cómo hubiera cambiado la vida de Víctor si hubiese sido tratado teniendo en cuenta el síndrome de Asperger que padecía? ¿Cómo influyó en la vida de Víctor el trato que recibió en el convento-manicomio por parte de las monjas? Me ha sorprendido en la novela que pongas a las monjas como abortistas, ¿no es un riesgo que podría alejar a cierto tipo de lectores? ¿Puede considerarse como “novela negra”?Para mí -comentó una de las asistentes- hay dos tipos de novela dentro de la misma: la primera parte es  costumbrista; la segunda y tercera las catalogo como “negra”. Se preguntó si se podría definir la novela con una sola palabra: INQUIETANTE, propuso alguien. Stefan fue respondiendo a las diferentes preguntas planteadas.

Otra cuestión interesante fue el título del libro. Se pregunta ¿por qué “el hacedor”? Stefan comentó que el primer nombre elegido fue el de “Los hermanos Hoppe” y que también se podía haber traducido como “El creador de ángeles”, pero nos gustó más “hacedor”. Existen otros títulos en la Literatura que también contienen esta palabra y -comentó alguien-que en el Catecismo de la Iglesia Católica hay una referencia a Dios como “el Supremos Hacedor.”

Entre los personajes que destacan por su humanidad, se citaron los de Charlotte Maenhout, la Maestra de los trillizos, la Hermana Marta del convento-manicomio y el Hermano Romboutdel Colegio, que ayudaron con su comprensión y consejo a Víctor Hoppe desde sus primeros años en que fue considerado “deficiente mental” hasta terminar el Bachillerato. También fue muy agradable la historia de la familia Weber que gracias al Dr. Hoppe recuperó la ilusión y la alegría con el nacimiento de Isaak, tras haber perdido en accidente a su único hijo Gunther. Relacionado con este nacimiento, se lee por parte de una de las asistentes una frase reveladora cuando Víctor Hoppe prepara su crucifixión: “Por eso debía quitarse la vida para, al mismo tiempo, dar así vida. Lo hacía por la humanidad. Después debería resucitar de entre los muertos. También se había ocupado de eso. No ocurriría en tres días, bien es cierto, pero ocurriría en cualquier caso. De eso estaba seguro.” A algunos les impresionó la narración de la crucifixión de Víctor y el autor opinó que en la partida de ajedrez que comentaba al principio, éste es el ganador y el párroco, el perdedor.Stefan aprovecha para darnos una primicia: “Estoy escribiendo una continuación de “El hacedor de ángeles” cuyo protagonista es Isaac y cuenta su vida desde el nacimiento… y ahora tiene treinta años.”

También ha habido partes no agradables para algun@s de l@s asistentes. Se cita a Rebeca, la mujer que “utiliza” Víctor para el nacimiento de los trillizos que, “a mi juicio, sale muy malparada; no me han gustado las circunstancias de su vida. Hay un trasfondo que no me gusta.” Tampoco agradó el comportamiento con Víctor Hoppede la Superiora del convento-manicomio, Milgitha, o del párroco de Wolfheim,Kaisergruber.Pero estamos hablando de una novela con comportamientos dispares de sus protagonistas.

Debido al síndrome que padecía, para Víctor todo era blanco o negro. Para él sólo había hombres buenos y malos. Jesús era bueno. Dios malo. Esto fue siempre un problema cuando leía la Biblia en el Convento-manicomio y en el Colegio.  Dios había abandonado a su propio hijo en la Cruz. Igual que a él lo había abandonado su padre. Su padre era malo. Por eso le pide a la Maestra que les hable a sus hijos de Jesús, pero no de Dios. Víctor sería médico para hacer el bien y no comprendía como su padre lo era. 

Se destacó la documentación que habrá necesitado el autor para tratar  la parte científica de un tema tan delicado como el de la clonación de seres vivos. Julio aprovecha esta circunstancia para comentarnos que para él fue también muy dura la traducción de esta parte tan específica que desconocía y para la que tuvo que documentarse también muy bien.Y como era lógico, dedicamos un tiempo a hablar sobre la clonación de seres vivos realizados hasta ahora con ratones, la oveja Dolly…De la prohibición de la clonación de  seres humanos y de la importación en la UE de productos clonados para consumo humano. Se expuso que casi todas las variantes de las vacunas recientes están conseguidas por clonación. Esto, no os da miedo? -dijo alguien-Pero, para otros, nos da optimismo. Y para corroborarlo,  hablamos de la manipulación genética para eliminar enfermedades y para corregir anomalías en fetos.

Alguien habla de la fiabilidad, de la verosimilitud de la novela y de haber conseguido hacer creíble a un personaje como el Dr. Hoppe, que realmente nunca existió, al igual que el pueblo donde se desarrolla la historia,Wolfheim, y que eso es mérito del escritor.Y se quiere agradecer la presencia del autor ya que, -comenta una asistente- “con su comentario inicial y las explicaciones dadas, le había modificado la visión e interpretación que ella había tenido del libro. Lo ha hecho más humano, más entendible. Me ha encantado que hayas estado aquí.”

Para finalizar, he querido resumir la columna escrita por uno de los participantes en la tertulia y que repartió entre los asistentes, en la que destaca aspectos importantes de la novela y que nos muestra la variedad de temas para el debate a que invita su lectura : “Insólita y original obra cuyo protagonista el Dr. Víctor Hoppe se enfrenta a la Biblia, sus compañeros de profesión, su pueblo, el Cura, las monjas… y un rebelde o perturbador desafío a la reproducción asistida, el matrimonio homosexual, la ingeniería genética, los límites de la ciencia y la controversia moral. A su vez considero esta obra un alegato, una denuncia sobre el cuidado y respeto a los débiles, con deformaciones congénitas… Todo ello me -nos- ha producido una gran satisfacción. ¡Enhorabuena, Stefan¡

Gracias Stefany Julio por haberos acercado hasta nosotr@s y a Melanie –miembro de nuestro Club de Lectura-, por haberlo hecho posible.

  1. Un tarde tan agradable y completa no podía terminar con un ¡hasta la próxima! Tras finalizar la reunión, pasamos a la terraza del Hotel Torremar, lugar donde celebramos esta última sesión del Club de Lectura 2021/22, y disfrutamos de un ágape mientras charlábamos animadamente y disfrutábamos de dos paisajes extraordinarios: al Norte, de La Maroma y Sierra Tejeda y al Sur, del Mediterráneo. Para elegir. Casi nada…

 ¡Feliz verano a tod@s! Nos vemos en Octubre…

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Próximo libro

Título: “Pétalo carmesí, flor blanca”  Autor: Michael Faber Fecha: 20 de octubre Hora: 18:30                                                                                       Lugar: “Hotel Torremar”  de Torre del Mar      

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