Una vidriera en Leópolis – Zanna Sloniowska

Título: “Una vidriera en Leópolis”            Autora: Zanna Sloniowska        

Fecha: 18 de mayo                                      Hora: 18:30                

Lugar: Azucarera de Torre del Mar 

Resumen del libro

En el corazón de Leópolis hay una casa con una vidriera. En ella viven cuatro mujeres de la misma familia, que se quieren tanto como se pelean. Hasta que un día todo cambia: Marianna, célebre cantante de la ópera, recibe un disparo durante una protesta por la independencia de Ucrania. Su hija observa desde la ventana cómo el cortejo fúnebre se convierte en una manifestación. Esta es la historia del despertar emocional, sexual, artístico y político de una joven, en una ciudad cambiante, situada en una encrucijada de lenguas y de culturas.

Resumen de la sesión

La iniciamos como es costumbre, leyendo la biografía de la autora. Zanna Sloniowska (Lviv, 1978), es periodista de profesión, se fue a Polonia y vive en Cracovia. Ha sido la primera escritora en recibir el Znak Publishers’ Literary Prize. Escribió la novela en polaco en 2015 y en ella retrata la represión rusa en Ucrania donde recrea ficción y realidad. «Una vidriera en Leópolis» es el retrato de una ciudad cargada de pasado y de misterio, a través de un luminoso fresco familiar. 

A mí me ha gustado la novela, pero la he visto un poco rara, – es la primera opinión – no sé si será por el estilo de la autora o por la traducción. Al estar Ucrania tan actual desgraciadamente, me ha gustado el tema, aunque en ella se hace referencia a la invasión rusa de 2014. Yo también la he encontrado extraña,-otra opinión- pero me ha servido para investigar sobre la localidad de Leópolis y los antecedentes de la actual invasión rusa de Ucrania. Esta localidad está muy cerca de la frontera polaca, por lo que ha pertenecido durante diferentes épocas a Polonia y a otros Imperios. Leópolis fue fundada en 1.256 por Daniel de Kiev, desde 1.385 perteneció a la Corona de Polonia, al Imperio Austro-húngaro desde 1.867, se constituye como República Popular Ucraniana desde 1.919 a 1.939, pertenece a la Unión Soviética hasta 1.991, fue ocupada por los nazis durante la II Guerra Mundial entre 1.941 y 1.944, continuó perteneciendo a la URSS y una vez disuelta ésta, es un país independiente desde 1.991.

La ciudad de Leópolis ha pertenecido a diferentes países, como hemos visto, pero la gran mayoría de sus monumentos fueron construidos bajo dominio polaco. La guerra actual ha estimulado el cuidar su arte tanto en Leópolis como en Kiev, protegiendo todos sus monumentos. Como heridas, las esculturas de la ciudad están vendadas. Leópolis se conoce como la ciudad del león, siendo este su nombre castellano, ya que en Ucrania  se conoce como Lviv y en Alemania como Lemberg. Ucrania está dividida en dos grandes bloques, la occidental y central tiene más influencia europea y la oriental es más prorrusa. El motivo es la gran cantidad de mineros rusos que se desplazaron a Ucrania al descubrirse importantes minas de titanio y carbón pero la mayoría de la población ucraniana vive de la agricultura.

Para analizar la novela – nos dice una de las asistentes – sería mejor analizarla con un orden cronológico, pero se dan saltos en el tiempo (flash-back), aunque nosotr@s ya estamos acostumbrad@s de novelas anteriores. En ella se habla de cuatro generaciones de mujeres que tienen mucho que ver con la historia de Leópolis y llegan hasta la actualidad. En la familia se entrelazan los orígenes ruso, polaco y ucraniano que está representadas en las relaciones que mantienen las cuatro mujeres con sus diferencias generacionales. Las cuatro mujeres sobreviven a la historia reciente de Ucrania: el triunfo del comunismo soviético, la II Guerra Mundial, la lucha por la independencia y la Revolución del Maidán de 2014. Todas ellas arrastran diferentes traumas por desapariciones familiares o muertes violentas y son como el reflejo del dolor de la nación ucraniana que se nos muestra, como una metáfora, en la vidriera de la vivienda de las cuatro mujeres que se cae a pedazos debido a los temblores producidos por una obra en la casa de al lado. Una de las asistentes nos relata cómo define la autora a las cuatro mujeres en una entrevista: la bisabuela, un monstruo que no canta; a la abuela, como una artista llena de amor; a la madre de la narradora, como una mujer fría y carismática y a la narradora de la novela, como un personaje que tiene que encontrarse así misma. Lo que les une es el arte y la revolución. Respecto a lo que alguien ha comentado sobre que las vidas de las cuatro mujeres sean independientes, no lo creo. En un texto de la novela se dice que “somos como muñecas rusas, una dentro de la otra, y  no sabemos exactamente cuál está dentro de cuál. Sólo sabemos cuál está viva y cuál no. Éramos como muñecas rusas, pero sólo éramos tres. No había lugar para ella en esa cadena. Era malvada (la bisabuela), nadie lloró cuando murió”. Ésta vivía de forma independiente y realmente no la conocemos hasta el final del libro. Alguien aprovecha esta introducción para resaltar su papel dentro de la familia. Vivió en los tiempos de la I Guerra Mundial cuando Ucrania estaba sometida por Rusia y estuvo casada con un ruso, aunque tuvo muchos amantes. Pero lo más destacado de la bisabuela en la novela es su carácter amargado, queriendo dirigir la vida de todas las componentes de la casa. A su hija que quería ser pintora, la obligó a ser doctora; a su nieta Marianna, le prohibió ser cantante de ópera, aunque ésta se enfrentó  a la abuela y consiguió lo que se había propuesto. La relación con el resto de la casa era de enfrentamiento continuo. Aunque, quién iba a decir que cuando tenía treinta y cinco años y era viuda con una hija que mantener, en primavera podía llegar a llorar de emoción mientras acariciaba los arbustos y los árboles. Eso sí, era mucho más tierna con las plantas que con su propia hija, entonces adolescente. Se va relacionando cada período histórico de Ucrania con cada personaje, coincidiendo el último con la Revolución del Maidán de 2014, ya que el libro se publica en 2015.

Hablamos de otro personaje de la obra, Mikolaj, que trabajaba en la Ópera donde cantaba Marianna, que se enamoró de ella y con quien mantuvo una relación hasta su asesinato. Posteriormente llega a la casa de las tres mujeres para hacer una valoración de la deteriorada vidriera que había en la vivienda y conoce a la hija de Marianna, con la que también mantiene una relación amorosa. Desconocemos el nombre de ella – es la narradora de la novela – pero sí sabemos que fue fruto de una relación temporal entre Marianna y un arquitecto ruso de paso por Leópolis.

Y teníamos que hablar de la vidriera que se cita en el título de la novela. Porque en Leópolis existían más vidrieras pero ninguna tan espectacular  como ésta. En este caso el edificio estaba acoplado a la vidriera y no al revés, que es lo usual. La vidriera que medía once metros de largo y tenía setenta y dos colores, representaba el aire, la tierra, el agua y el fuego. Esta última parte estaba deteriorada y le faltaban piezas.  Las investigaciones académicas de Mikolaj giraban en torno a las vidrieras, especialmente un artículo muy comentado sobre  la de esta vivienda que era la seña de identidad de diferentes culturas, religiones, de lenguas…Representaba la historia multicultural del pueblo ucraniano y al mismo tiempo se convierte en un decrépito monumento nacional y un espejo en el que se mira la nación. La vidriera podría decirse que era tan frágil como la vida humana y  una alegoría del viaje de la vida.

Otro aspecto interesante de la sesión se refirió a la represión sufrida por los ucranianos respecto a la utilización de su lengua por parte de Rusia. Esta prohibición de su uso alcanzó especialmente los últimos trescientos años. La reina rusa Catalina II prohibió su habla y Stalin, si algún escritor se atrevía a escribir en ucraniano, lo mandaba matar: “Mamá habló de las purgas estalinistas de escritores y de artistas ucranianos con el fin de acabar con la ucranización” nos cuenta la narradora. Los libros que llegaban a Ucrania venían traducidos directamente al ruso. La autora también manifiesta en una entrevista que desde esta última invasión rusa, casi todos hablan ucraniano en la calle y ruso en casa, con el fin de afianzar su identidad, sobre todo a raíz de la invasión rusa de 2014. En Leópolis, según la autora, se habla polaco, ucraniano y ruso y así se definen en la novela sus protagonistas: “Soy polaca hasta la médula” decía la abuela; “Soy ucraniana por elección” decía mamá; “Soy leopolitano” decía Mikolaj; y “Yo me identifico más con él” decía la narradora.

Hay una pregunta que me he hecho a raíz de la guerra en Ucrania – otra intervención -. ¿Tan importante es la seña de identidad de la etnia ucraniana como para sacrificar sus vidas durante décadas? Yo es que eso de los nacionalismos, las banderas… ¿Qué hay que salvar de la identidad propia con tanto sacrificio? Por su orgullo nacional – respondió alguien – Es que estamos hablando de un país que existe desde el S.XIII y de una invasión de su territorio por parte de Rusia. ¿Cuál es la alternativa, ¿dejarse dominar? ¿Darle a Rusia el Donbás? Yo no creo que Putin se conforme sólo con eso. Quiere toda Ucrania porque lo que busca es recuperar la antigua URSS. Y después irá a por los Países Bálticos, Hungría, Rumanía… En este momento ya no hay alternativa. Los únicos que pueden parar la guerra son Putin y los oligarcas que están actuando a espaldas del pueblo ruso, abandonando las zonas invadidas de Ucrania. La resistencia del pueblo ucraniano tiene mucho mérito, y está más que justificada ya que los están machacando – opina otra de las asistentes -. Alguien comenta los conflictos que se están viviendo en muchas familias formadas por parejas de los dos países. Y nos hacemos esta otra pregunta: ¿Por qué los pueblos a lo largo de la historia, han tenido que sufrir los ataques de otros países para someterlos o expoliarles sus materias primas? Sobre la identidad ucraniana una nueva opinión: Me he alegrado de haber leído esta sencilla novela por ser una reflexión muy interesante sobre la identidad ucraniana que consiste en la convivencia de las culturas ucraniana, polaca y rusa. Ahora entiendo mejor su lucha actual por mantener la independencia. Quizá está muy bien explicado por la narradora cuando recuerda la confesión que le hizo su madre: “He perdido la motivación para  lo que era mi único objetivo en la vida: el canto. ¿Por qué? Cuando descubrí la verdad sobre el sistema soviético, mi mundo se derrumbó. Sentí que tenía que luchar contra ese sistema. Durante mucho tiempo no supe cómo. Pero ahora sí lo sé. El pueblo me necesita. No los del teatro, sino los de la calle. Quizás más adelante, cuando hayamos derrotado al imperio y estemos construyendo un nuevo país libre, tal vez pueda volver a…”  

Esta ciudad – nos recordó otro de los asistentes – tuvo una importante población judía. El gueto de Leópolis fue de los mayores guetos establecidos por los nazis, pereciendo ciento veinte mil judíos. A su vez Stalin también hizo importantes purgas. Hay un pasaje en el libro que resume mucho lo que hablamos: “Leópolis es una ciudad atormentada por la historia”.

Pero para mí, – comenta una de las asistentes – los personajes de la novela no son solamente las cuatro mujeres. Considero que la ciudad es otro personaje, o la música, al contarte con todo lujo de detalles cómo era el Teatro de la Ópera y la curiosidad de que estaba construida  encima del río Poltva, oyéndose el curso del agua durante las funciones. En declaraciones de la autora, nos dice que en Ucrania el canto es muy importante; ellos se llaman asimismo una nación de cantantes. Aquí sería como el flamenco. La ópera es la música del folklore ucraniano, a la que escuchas durante toda la vida e incluye todas las emociones del ucraniano. Cantan para expresarse y cuentan sus historias cantándolas. Una muestra de la importancia que se le da, es que asisten a las representaciones mostrando sus mejores galas independientemente de la clase social a la que se pertenezca. La autora nos habla de que el cortejo fúnebre que nos relata en la novela tras el asesinato de Marianna en 1988, se basa en la de un cantante de ópera ucraniano, muy conocido, que también fue asesinado. Durante el entierro se cantaron canciones prohibidas (“Ucrania aún no ha muerto”, “El sauquillo rojo”) y las mujeres sacaron iconos  con las efigies de San Jorge y San Nicolás, así como del arcángel San Miguel, guardados en sótanos y desvanes, así como desplegaron las prohibidas banderas azules y amarillas.

Una de las asistentes quiso leer algunas de las frases que le habían llamado la atención durante la lectura del libro. 

– Mikolaj y la narradora van recorriendo los lugares más importantes donde tuvo lugar la batalla polaco-ucraniana en Leópolis: “En el cementerio de Yaniv donde están enterrados los fusileros  de Sich, también yacen cuerpos de chicos y chicas de ambos bandos del frente. <<Luchamos cara a cara, ahora descansamos juntos, codo con codo>> Se instaló un hospital militar al que llevaban los heridos. Los médicos atendían a todos, al margen de su nacionalidad. Y, cuando morían, los enterraban juntos.”  

– ¿Cómo te las arreglas para combinarlo todo?- le pregunté a Mikolaj- ¿La escultura, las clases, la historia de Leópolis? “Hasta los treinta años es el momento del aprendizaje intensivo. Luego solo hay que poner en práctica los conocimientos adquiridos.”

– En el Maidán, la vejez luchaba junto a la juventud. <<Desde tiempos inmemoriales, la historia ha irrumpido bruscamente en nuestras vidas, mamá, y yo voy ahora sin casco, he dejado de resistirme a la historia. >> <<No estabas sola, mamá>>.

Tocamos otros muchos temas que, de relatarlos, harían muy extenso el resumen de esta sesión, pero hoy hemos vivido quizás, uno de los aspectos más interesantes de un Club de Lectura, además de comentar la novela: el debate, en este caso sobre este tema de latente actualidad como es la guerra de Ucrania.

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Próximo libro

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