Sobre los mundos virtuales

Café Filosófico en Vélez-Málaga 13.1

14 de octubre de 2022, Sociedad “La Peña”, 18:00 horas

Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?

Platón, “Alegoría de la caverna”.

La vida está viva. Esto que parece una obviedad o una verdad de perogrullo o una simpleza no deja de ser cierto en cada momento. Y es lo que muchas veces nos pasa desapercibido. Por circunstancias que escapan a nuestra voluntad y a nuestro conocimiento tuvimos que buscar una alternativa como sede de nuestros encuentros filosóficos. Y este nuevo local se nos antoja, como el anterior, muy adecuado para dejar correr juntos el pensamiento consciente. Agradecemos desde aquí a la Directiva de la Sociedad Recreativa y Cultural “La Peña” de Vélez-Málaga, y en especial a Antonio Lara, su atenta respuesta a nuestras pretensiones filosóficas. Es un honor para nosotros poder celebrar nuestros encuentros en un espacio de nuestra ciudad con tanta raigambre.

Pues bien, comenzamos la nueva temporada con una autorreflexión muy necesaria en estos tiempos pandémicos: ¿Cómo me encuentro después de un verano en el que, quizás por primera vez en mucho tiempo, no hemos tenido una percepción tan acuciante de la actual pandemia? ¿Con qué ánimo, con qué energía inicio el curso? ¿Me siento más fuerte, más débil, para esto, para lo otro? Y puede que alguna de estas respuestas se acerque a la tuya: animada y contenta; más lento pero sigo con mi espíritu activista; ya sin los excesos del verano, más serena y activa; me siento agradecido compartiendo cada día, que es un regalo; agradecida, cómoda y aliviada; siento cierta ansiedad; mi tiempo es finito y ¡tengo que hacer!; este tiempo ha traído cosas positivas que aprovecho: el teletrabajo, poder acabar las tareas pendientes; pues yo tenía muchas ganas de volver a filosofar; me encuentro emocionalmente algo perdida… demasiadas opciones; trato de aprovechar cada día; trato de hacer cosas diferentes; me veo expectante, siempre observador; me veo mejor, hago lo que no hacía; ha supuesto para mí una inflexión en mi vida, tenía excusas para no hacer, ¡ahora ya no!; me veo recelosa, no me fío de lo que pueda pasar, prefiero una mínima rutina; veo por todos lados síntomas de una crisis profunda.

Los mundos virtuales. ¿Por qué necesitamos crear nuevas realidades? Esta fue la pregunta que inició el diálogo sobre la realidad virtual, esos otros mundos posibles, a lomos de las nuevas tecnologías. Y los participantes se aprestaron a invocar sus propias experiencias virtuales, y así saber de qué estábamos hablando…  Y unas eran más deseables y otras lo eran menos: el metaverso, la posibilidad de vivir una vida paralela, las redes sociales con sus convenciones e hipocresías, los grupos que condicionan lo que comemos y cómo nos alimentamos, el poder de los algoritmos, que reducen la vida en Internet al interés y al control, y otras experiencias que tú puedes traer a la mesa.

Pero, lo decisivo es que todavía podemos diferenciar lo real de lo virtual. ¿Llegará un día en que no podamos? Están las posibilidades abiertas, pero aquí están los riesgos. Y la pregunta fundamental sería: ¿Queremos vivir así? Porque esta vida, que es vida pero no es auténtica vida, nos afecta a todos y a todas; ya casi no podemos vivir sin las redes sociales virtuales, a pesar de que se trafica con los “likes” y son un negocio pujante.

Volvemos a preguntarnos: ¿Por qué necesitamos crearnos realidades virtuales? Por un lado, parecen cubrir ciertas carencias personales, así es más cómodo relacionarnos, menos arriesgado para mi personalidad, por otro lado, podemos reforzar nuestras tendencias confesables o inconfesables, y quizás sean una manera de desahogar nuestra insatisfacción crónica en las sociedades actuales, esa deuda infinita que nunca se logra satisfacer, como diría el filósofo de la contemporaneidad, Luis Sáez Rueda; porque buscamos la inmediatez, o bien, porque buscamos engordar lo que deseo o alimentar nuestro ego. Cada uno que piense por qué navega por esos mundos posibles creados por ordenador. Pero también, se dijo esa tarde, nos imponen este mundo virtual. Incluso, colabora una legión de profesionales de la comunicación y expertos en la conducta humana (psicólogos, sociólogos, politólogos, antropólogos, etc.) al servicio de determinados intereses, casi siempre económicos, para aumentar las oportunidades de negocio, explotando las obsesiones y compulsiones humanas. Y nosotros, colaboramos. Es cierto, nos hace falta más que nunca una ética profesional, como insiste Adela Cortina.

El futuro se nos presenta incierto, pero también inminente e irremediable. Parece que no podemos cambiar el rumbo de nada. A esto se le ha llamado determinismo histórico, que se ha expresado en la modernidad en la forma de determinismo tecnológico: “aquello que técnicamente pueda hacerse, hay que hacerlo”. Y queda atrás, tantas veces, la pregunta: ¿debe hacerse? Según Hans Jonas, poder implica deber; en virtud del poder que se ponga en acción en cada caso, así será la magnitud y el contenido de nuestra responsabilidad. Aquella (de la época ilustrada) idea de progreso ha mostrado su envés: no somos mejores solamente a base de desarrollo científico-técnico. Y esto se ha convertido en un auténtico revés para nuestro tiempo. Era lo que estaba en el fondo de esta fase del diálogo, aquella tarde…

Pero vayamos más al fondo. El ser humano es un ser capaz de crear mundos con el poder de su imaginación. Siempre lo ha hecho y nos ha ido salvando de sucesivas intemperies. Pero el alcance de nuestras acciones, gracias al desarrollo de la tecnociencia es imponente. Esto implica que debemos ser más inteligentes que nunca (y no hablamos de la inteligencia artificial, que es tan poco inteligente). Hay dos preguntas cruciales que implica el ser inteligentes, a día de hoy: ¿Cómo queremos vivir? Y para ello, preguntarme antes: ¿Quién soy yo? Si todo el poder de la realidad virtual reside en el poder de los medios tecnológicos, quizás hemos olvidado los fines, es decir, para qué queremos utilizar esos medios. Los valores, aquello que vale por sí mismo y no en función de los intereses o las circunstancias. Si toda la fuente de la realidad virtual está más acá, en nosotros mismos, en nuestra capacidad creadora, quizás deberíamos poner todo el esfuerzo en el desarrollo de nosotros mismos, descubrir cuáles son las cualidades esenciales del ser humano, de donde le vienen los valores, la consideración de aquello que es valioso en sí mismo. Conocernos mejor a nosotros mismos. Primero, antes de poner en marcha mundos posibles que no controlamos; como si fuera una locomotora a toda velocidad, sin frenos y sin conductor. Vale.

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