Sobre el matrimonio

Café Filosófico en Vélez-Málaga 8.4

20 de enero de 2017, Cafetería Bentomiz, 17:00 horas.

Tradicionalmente se hace derivar la palabra latina ‘matrimonium’ de ‘matris munium’ (carga que incumbe a la madre). 

A la vista de los conocimientos actuales, lo más probable es que matrimonium derive de ‘matrem muniens’, en el sentido de que el contrato matrimonial establece el deber que el marido o padre contrae de proteger a la madre.

Obsérvese, en cualquier caso, la marca de nuestra cultura patriarcal en los sentidos tan distintos que damos a ‘matrimonio’ (de ‘mater’, madre) y a ‘patrimonio’ (de ‘pater’, padre).

Fernando Navarro (en el foro on line del Centro virtual Cervantes)

Hay que casarse, en cualquier caso; si consigues una buena esposa, serás feliz; si consigues una mala esposa, te convertirás en filósofo.

Sócrates

¿Por qué casarse?

Nosotros, los seres humanos, necesitamos comprender y comprendernos. O más exactamente, comprendernos a nosotros mismos para poder comprender lo que nos rodea. Y nada mejor que el espacio de reflexión conjunta que abre nuestro café filosófico, en donde hay un interés, claro, pero un interés desinteresado. Esto permite abordar cualquier asunto de una manera útil para todos los participantes, dado que lo tratado se trata por sí mismo y no por algún interés más allá de sí mismo. Por lo tanto apto para cualquiera, para cualquier ser humano. Pongamos por caso el matrimonio. Jóvenes y adultos pueden colaborar para acceder a un campo-base mínimo, clarificador y confortable. Jóvenes y adultos que pueden volverse más conscientes. Jóvenes y adultos que se vuelven más sensatos al tomar partido por la verdad y el bien. Juntos. Es posible. Y resulta que el matrimonio es un añadido social. Y resulta que el matrimonio es un refuerzo legal a los compromisos personales ya adquiridos. Y resulta que no hay crisis del matrimonio, sino de la institución tradicional; no hay crisis cuando se ha aprendido a convivir, a amarse juntos.

Sobre el papel todos somos bastante altruistas, de ahí que, si preguntamos a un grupo de personas en una alta proporción nos responderán con deseos bienaventurados para todos; por eso fue que el moderador pidió que se preguntaran los participantes por ellos mismos: “¿Cuál es mi mejor deseo personal para este año entrante? Ojalá que yo estos meses…”, de manera que preguntando por lo personal no se escamoteara lo personal. Pues, decididamente, sólo es posible dar a los demás dándome a mí mismo. Si no, ¿de qué otro modo habría de ser? Y si me va bien, directa o indirectamente, les irá mejor a los que me rodean, ¿no es cierto? Pues bien, ya que era comienzo de año, esto dijeron: ojalá yo pudiera aprender de la vida; sacar mejores notas; aprobar el curso; sentirme bien; despojarme de mis resistencias, que me impiden realizar mis metas; perder peso; mejorar mi salud; seguir mejorando como persona; mejorar mis reacciones en las situaciones difíciles; mucha abundancia de aquello que necesito; más paz y sosiego; serenidad, tranquilidad…; que así los que nos rodean instantáneamente lo obtendrán también.

La primera propuesta temática vino de la mano de la última lectura de una de las participantes en el diálogo filosófico (Contra el tiempo, filosofía práctica del instante, de Luciano Concheiro, reciente finalista del premio Anagrama de ensayo): nuestro mundo rápido. A esta se avinieron otras temáticas como la deshumanización, el presente incierto, la inseguridad personal y la ya adelantada temática -a la postre definitiva- sobre el matrimonio. Y al matrimonio, como institución, certificado social de una determinada modalidad de la relación humana, se le plantearon varias preguntas: ¿Está en crisis? ¿Qué tipo de compromiso social implica? ¿Para qué sirve? ¿Es necesario casarse? Y se decidió conjuntamente planear e ir aterrizando en el orden inverso a lo demandado inicialmente. ¿Es necesario casarse? Y así dio comienzo el diálogo:

-No como antes…Se sigue casando la gente por intereses, pero no como antes.

-Sí, son otros los intereses: muchos se casan por inercia, ventajas económicas o sociales…

-Desde luego, perderíamos derechos y algunas ventajas.

-¿Eso quiere decir que sí percibimos el matrimonio como necesario?

E incluso lo estaban afirmando algunos jóvenes de edad allí presentes. Lo cual parecía entristecer a una de las jóvenes participantes. Entonces el grupo se dedicó unos momentos a valorar si quedaba excluido el amor de esta necesidad de casarse. Entre todos la fueron persuadiendo de la realidad en la actualidad. Es verdad que no hace falta casarse si las partes se quieren. En otros tiempos es posible que estuviera excluido el amor en numerosas ocasiones, pero hoy más bien se percibe el matrimonio como un añadido social, dadas las eventuales ventajas sociales. Una relación que puede tener sus utilidades sociales y legales. Así de pragmáticos se volvieron nuestros participantes.

Tratando de indagar un poco más, el moderador preguntó: “¿Introduce el matrimonio algún tipo de compromiso más allá del hecho de vivir juntos en la intimidad? ¿A qué nos comprometemos? ¿Cuáles serían nuestros compromisos adquiridos por el hecho de casarnos? Hablaron ellos de fidelidad sexual; hablaron de responsabilidades (con los hijos, principalmente); hablaron de una promesa ejercida a lo largo del tiempo; hablaron de respeto mutuo, de interdependencia –que “dependencia” les sonaba inexacto, aunque en ocasiones fuera eso lo que, por desgracia, ocurriera en la pareja-. Pero la pregunta emergió por sí sola:

-¿Todos esos compromisos no estaban ya de antes?

-No del todo, pues ahora reciben el refuerzo legal.

-¿Y quién necesita de dicho refuerzo o marchamo legal?

Esta última pregunta la deja este relator en el aire para que tú la digieras con atención. Pero la cosa es que, según anuncian juntos los participantes, si caen algunos de dichos compromisos la relación entra en crisis. ¿Está en crisis el matrimonio? El hecho –dicen- es que son muchos los que se casan, a pesar de los muchos que se descasan. Su percepción de la cuestión era, por consiguiente, aparentemente dual. Lo interesante vino después: ¡Muchos de los que se casan, no se casan de verdad! ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que no lo hacen conscientemente. Con plena conciencia. Esto afirmaron ellos para ti. Por no estar solos… Por dejarse querer del otro que está muy enamorado de nosotros… Por inercia, costumbre o moda… Por no saber vivir más allá del apasionamiento, del enamoramiento, de la relación sexual… Aunque, sobre todo por las expectativas poco realistas. Una vez más esperar, como apuntan los sabios, nos juega malas pasadas. Estropea la realidad, la oculta y la enmascara. Impide ver lo que hay, aceptarlo y actuar en consecuencia a favor de la dirección más conveniente en cada situación. Apostillaron que si algo está en crisis, no es la relación de pareja, sino la institución tradicional del matrimonio, ligada a una concepción no actualizada de la familia, la familia nuclear, a que se refieren los antropólogos. Esta conclusión satisface bastante a los integrantes del grupo de personas que dialogaba. Y el problema no es, tampoco, que hubiera crisis en un matrimonio, sino cómo se superan las crisis. Finalmente, dio tiempo a realizar un breve y singular experimento: los casados allí presentes, ¿volverían a casarse? Los jóvenes no casados, ¿se casarían, llegado el momento? Y los que quisieron nos ofrecieron su valoración personal, no exenta en algunos casos de acerado buen humor.

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