Sobre el amor

Café Filosófico en Vélez-Málaga 8.5
17 de febrero de 2017, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.

El pensamiento de que uno es víctima inocente o de que tiene derecho a indignarse es típico de
aquellos matrimonios en crisis que, de un modo u otro, se agreden de continuo. Una vez que este tipo de
pensamientos -por ejemplo la justa indignación- se automatizan, desempeñan un papel autoconfirmante y,
de ese modo, el miembro de la pareja que se siente víctima acecha constantemente todo lo que hace el otro
para poder confirmar su propia opinión de que está siendo atacado o menospreciado, ignorando, al mismo
tiempo, todo acto mínimamente positivo que pueda cuestionar o contradecir esta visión.
Daniel Goleman, Inteligencia emocional

Así que ésta es la manera correcta de encaminarse a los asuntos amorosos o de ser guiado por
otro: partiendo de todas estas cosas bellas en busca de aquella belleza, elevarse siempre, como si usáramos
escalones, de un solo cuerpo bello a dos, de dos a todos, de los cuerpos bellos a los comportamientos
bellos, de los comportamientos a los conocimientos bellos, y de estos conocimientos terminar en aquel
conocimiento, que no lo es de otra cosa que de aquella misma belleza y, al acabar, conozca lo que la
belleza es en sí misma.
Platón, Banquete.

¿Por qué es tan complicado el amor?

Dicen que para ser inteligente basta poseer una determinada capacidad desarrollada, que logre la
realización eficaz de una determinada tarea. De ahí que nos hayamos acostumbrado a oír hablar de
teléfonos inteligentes, procesos inteligentes o inteligencia artificial (AI), olvidando que la inteligencia no
sólo actúa como una máquina –o más bien, una máquina como la mente humana-, sino que incluye en su
actividad la conciencia de sí y la elección libre más allá –o más acá- de la eficacia y funcionalidad, algo
propio de la racionalidad instrumental. Asimismo, nuestro tiempo también ha olvidado la diferencia entre
“ser inteligente” y “vivir inteligentemente”. Si bastara ser inteligente para vivir bien, no nos
angustiaríamos tanto, nos estresaríamos o viviríamos con tantos temores, a los que respondemos
habitualmente a través de la huida o el ataque. En el relato, que comienzas a leer, del Café filosófico del
mes de febrero de 2017 aprenderás a ser algo más inteligente porque serás capaz de vivir mejor, no porque
conozcas mucho de poco o seas experto en algo, y porque efectúes muy bien tu trabajo, aunque tu vida
vaya a la deriva más de lo conveniente. Alcanzarás la inteligencia desarrollando tus cualidades –no una,
sino muchas de tus cualidades-, eso que se llama madurez personal. ¿Y qué tal una mayor madurez en el
amor, para ser capaz de amar mejor?
De la mano de los participantes en este encuentro filosófico, te llega un buen ramillete de
ingredientes del vivir inteligentemente. Presta atención, por si te puede valer. Ahí van: afrontar los
problemas, proyectar desde el presente el futuro, contar con el pasado para aprender, aprovechar bien el
tiempo y hacerlo a tiempo, pensar antes de actuar sin dejarte guiar por el miedo, saber perdonar antes que
nada a uno mismo, extraer lo mejor de cada día y de cada momento (“sembrar para luego recoger”),
actuar sin esperar una contrapartida, llevar a la práctica todo lo anterior y que sea la misma práctica la que
vaya solicitando lo que has de hacer, observar nuestro ambiente social y extraer lo más universal de él,
vivir día a día en calma pero como si fuera el último. Tras un diálogo socrático con cada asistente, el
moderador pudo anotar estas actitudes para poder vivir más inteligentemente, y ahí quedan dispuestas
para ti.
La ocasión la pintaban calva para poder injertarle a esa tarde de febrero todo aquello que
necesitaban plantearse nuestros participantes. La posibilidad de tratar, por este orden: el amor, la política,
vivir el presente, el control en las relaciones personales, el maltrato a los animales, el cotilleo. Así que ya

sabéis por qué se habló del amor. Lo necesitaban más que ninguna otra cosa. ¿No te pasa a ti? La joven
proponente de este tema formuló también la pregunta que habría de incidir en el amor: ¿Por qué es tan
complicado el amor? Primero, se validó la pregunta, y sí, para todos los asistentes el amor es
complicado. De manera que la pregunta tenía mucho sentido para todos ellos.
-Pero eso es lo bonito del amor, sus complicaciones.
-Pues ya me dirás dónde está lo bonito…
-El amor también conlleva asumir riesgos. Es como la vida misma.
-Tú, ¿qué es lo que buscas en el amor, que se te complica? –pregunta el moderador a la chica que
había planteado el tema y la pregunta, desde un acusado interés personal.
-Seguridad –respondió, después de un breve y esclarecedor diálogo socrático.
Por consiguiente, con la aquiescencia de los participantes, se obtuvo una primera razón que
pudiera explicar qué hace del amor algo tan complicadillo. Una segunda y amplia razón fue citada
brevemente, aunque quedara como fondo de la discusión a lo largo de toda la reunión: el amor se nos
complica bastante debido a las variadas ideas mentales acerca de lo que sea eso que llaman amor. En
efecto, si existe discrepancia entre lo que doy y lo que espero, entre lo busco y lo que me dan, si el amor
es recibir o es dar… En definitiva, si la idea previa que gobierna mis emociones en torno al amor no
coincide con la tuya, al menos aparentemente. O bien, si en mí van fluctuando diversas formas de vivir el
amor, a lo largo del tiempo, e incluso de un momento dado a otro momento. ¡Cómo nos complica todo
esto el amor! Y sin embargo, es una sola cosa: nuestro formado modelo del amor. A esto hay que añadir la
necesidad de distinguir – como indicó certeramente una participante- el amor del enamoramiento. Y esto
último sería lo que nos complica más de la cuenta nuestra existencia.
-Somos aprendices en el amor. No sabemos.
-Desde luego: ¿Qué es el amor? (El enamoramiento, mejor decir). ¿Un flechazo, pura química…?
-Y luego, conjúguelo usted con la sociedad. Pues somos sorprendidos por el mandato de la
naturaleza biológica del amor y hay que conjugarlo con las creencias sociales, lo que no es nada fácil.
-¿Y el miedo al rechazo, sobre todo al comenzar una relación? Todas tus impotencias te salen a
flote. Tus miedos.
-¡Pero el amor es lo más parecido a la magia! Nos surge. Y hay que estar a la espera y dejarnos
llevar sin condiciones.
Esta última intervención de una de las participantes más jóvenes, indicó una manera muy
sugerente de complicarnos el amor -porque fue quedando claro que no es que en sí mismo sea
complicado, sino que nosotros mismos lo complicamos- y dio bastante juego en la reunión.
Efectivamente, ponemos trajes al amor, a partir de nuestras propias cargas personales del pasado, cargas
que no le corresponden de suyo. De ahí la importancia de descargarse, desnudarnos nuestros trajes
impuestos, estar a la escucha, abiertos al amor, que no es lo mismo que -ni únicamente- abrirse a una
relación amorosa. El amor es mucho más amplio. De esto apenas se habló, pero habría que meditarlo bien.
Así pues, proyectamos nuestras cargas fuera y vienen el conflicto, el drama, la insatisfacción, la
desesperanza. Ponemos mucho en juego en el amor y si este pensamos que nos falla… ¡De nuevo, las
ideas preconcebidas sobre el amor!
Y sin embargo, la experiencia (que siempre es pasado) no tendría que apartarnos del gozo libre del
amor. Especialmente, esa participante que decía que la complicación es lo bonito del amor, fue la que, con
sutiliza, fue llevando al grupo a ser capaz de integrarlo todo en el amor. De hecho eso es amor:
integración, unidad, comunión. Integrarlo todo, incluso el sufrimiento. Esto dijo y esto fue aceptado. Pero
claro, lograr poco a poco esta integración requiere aprendizaje, tiempo, maduración vital. Por lo tanto,
¿podemos hablar de madurez en el amor? Parecía el grupo conducirse por esta vía rápida de la discusión.
Por ella, no habría tiempo ni lugar donde complicarse uno tanto la vida amorosa.
Pero, si hablamos de madurez en el amor, ¿de qué madurez estamos hablando? Sin ambages: de
crecimiento personal. Esto es muy importante. Lo resaltamos: del desarrollo personal depende también la
madurez en el amor. Y todavía hay más: este desarrollo ha de ser mutuo, juntos (aquellas personas o seres
con que compartimos vida amorosa). Ayudarse mutuamente a subir escalones por los grados del amor, la
escalera hasta el Amor (con mayúsculas). Platón lo dejó dicho. Por otro lado, la vida en pareja constituye
un buen campo de pruebas para el aprendizaje maduro del amor (que no tiene que ver con el amor entre
personas maduras de edad). La relación amorosa se va haciendo, de ahí la importancia de cuidar la propia

relación. Hablar, escuchar; expresarse, comprenderse; y no querer del otro, sino amarse porque amamos el
amor que somos en el otro. En este lugar tan adentro no hay complicación, no hay drama, sino puro gozo.

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