Ana no – Agustín Gómez Arcos

Título: “Ana no”                                  Autor: Agustín Gómez Arcos     

Fecha: 19 de noviembre                       Hora: 18:30                 

Lugar: Azucarera de Torre del Mar

Resumen del libro

Ana Paucha, que se llamaba a sí misma Ana no, era una mujer de mar, de sol, de dicha, prendada de su marido, pescador, y de sus tres hijos. El marido y los dos hijos mayores murieron en la guerra, el pequeño está preso. Ana no, a sus setenta y cinco años, cierra la puerta de su casa en un pueblecito almeriense y decide ir andando hasta la cárcel de su hijo para abrazarlo y darle el pan de aceite que ha amasado con sus propias manos. Inquietante viaje hacia el norte de España, viaje de amor y de muerte, de iniciación y de conocimiento. La novela nos brinda uno de los personajes femeninos más bellos de la literatura contemporánea, así como una admirable alegoría de la condición humana. Novela fundamental de la literatura del exilio español con la que Gómez Arcos se consagra como escritor francófono. Cosechó numerosos premios, adaptaciones teatrales y fue llevada al cine en Francia en 1985.

Resumen de la sesión

Iniciamos la sesión leyendo una amplia biografía del autor (1933-1998) en la que destacamos que a pesar de ser premiado en España dos veces con el Premio Nacional Lope de Vega (1962 y 1966), tuvo que abandonar nuestro país ante la persecución de la censura. Sin embargo fue reconocido en Francia donde fue premiado también dos veces con el título de Caballero de las Artes y de las Letras francesas (1985 y 1995), formando parte su obra de los programas educativos franceses. Nos sorprendió a tod@s  que un escritor de tanta calidad sea un desconocido en nuestro país, encontrando justificación en su ideología republicana que impidió su reconocimiento durante la dictadura, hasta el extremo de aparecer los dos premios nacionales concedidos a Gómez Arcos, como desiertos. Posteriormente, restablecida la democracia, fueron representadas en el teatro algunas de sus obras.

“Ana no” fue publicada en Francia en 1977, pero el viaje de Ana no, se inicia en 1969 cuando tras dejar su casa andaluza limpia y en perfecto orden, cogió el paquete donde había preparado “un pan de aceite con almendras, anís y mucho azúcar; un bizcocho, vamos”, para llevárselo a su pequeño que está en una cárcel del norte de España. Atrás deja a su barca, “Anita la alegría del regreso” varada en la arena y con un agujero en la panza.

Ana no, llega a la estación, pero no para coger el tren ya que ella no puede gastarse el dinero en un billete de ferrocarril, sino para ver qué vía coge el expreso de Andalucía, el único que va hacia el norte, y seguirla. Irá andando. Tiene que ir con mucho tiento si quiere llegar al término de su viaje. No puede decepcionar a los que la esperan: su hijo y la muerte.

Durante la sesión, los participantes resaltaron algunos de los párrafos que  más le llamaron la atención y es que la novela nos va reflejando los diferentes estados de ánimo de Ana no, así como la evolución de su personalidad, dando lugar a descripciones de una alta calidad literaria. También nos muestra cómo era la España de esta época durante el recorrido que hace desde el sur al norte.

“En la novela – opina unos de los asistentes – se refleja perfectamente el ambiente de la posguerra: las diferencias entre vencedores y vencidos; la tristeza que se respiraba entre los perdedores; la persecución ideológica que continuó durante este tiempo, representado en la novela con el encarcelamiento del ciego; cómo la ilusión y el recuerdo del pasado es el único alimento de los perdedores, representada en la figura de Ana no, que saca fuerzas de donde no tiene para llegar a ver al único hijo vivo que le queda y que está encarcelado a perpetuidad desde los 17 años por pertenecer al Partido Comunista;  el recuerdo a la existencia de las fosas comunes y que Ana no, vivió en la realidad de sus cuatro hombres. Es una obra muy dura y triste, pero real, porque la historia de Ana no, fue la historia de muchas familias de la posguerra.” 

“Yo he visto en la novela dos hilos conductores: Dios y el bizcocho –comenta una de las asistentes-. La decrepitud de ella va unida al bizcocho. Dios, en quien no cree porque la ha abandonado: < A Dios más vale no nombrarlo, no le gusta hablar de gente desconocida>. Y es que ella se sintió abandonada por Dios al perder en la guerra a su marido y sus dos hijos mayores, y ahora iba en busca del pequeño encerrado a perpetuidad.” A continuación se lee lo que opina Ana no, de la guerra: “La guerra se te mete dentro tan campante. Haciendo caso omiso de tus colmillos de perro guardián y de tus garras de leona. No se te cuela por la puerta trasera o por el hueco de la chimenea, ¡qué va! Entra por la puerta principal, la que no abres ni a la muerte, que es mucho más digna que la guerra. Te quita a tus hombres sin más y se los lleva. Acuso a la guerra de haberme expoliado.” Me parece precioso y descriptivo totalmente -opina quien lo lee-.

“La primera parte es más poética – dice otro de las participantes – porque Ana no, nos muestra sus pensamientos en soledad. Luego hay más diálogos por las diferentes compañías que encuentra en su caminar hacia el norte: el perro, el ciego, y los componentes del circo. Para finalizar ella sola de nuevo”.

Alguien lee este precioso párrafo: “Mi soledad son cuatro camas en las que florecían, antaño, cuatro cuerpos de hombre (Pedro, Juan, José y Jesús). Camas vacías. Hombres muertos. Mi soledad es una barca que se va resecando en la playa; barca herida, abandonada, que ya no acogerá el saludo de las gaviotas en las alegres amanecidas de los regresos. Mi soledad es el gozoso nombre que ya no podré dar a mis nietos, muertos antes de nacer. Mi soledad es la palabra abuela, que nunca oiré, salvo en el negro abismo de mis sueños. Es ese nieto, hijo de tu hijo, amado mío, que te habría llamado abuelo porque tú tenías tanto derecho a ello como yo.”

En su caminar hacia el norte, para no perderse, Ana no, camina siguiendo la vía del tren clavándose las piedras que cubren las traviesas, al llevar como calzado unas endebles alpargatas. Las diferencias climatológicas desde que inicia el viaje con una ropa mínima en verano, hasta llegar al norte en pleno invierno donde sufre el frío y las nevadas, hacen que Ana no, piense que no va a conseguir su objetivo. Alguien recuerda su diálogo con la muerte pidiéndole que aguante hasta que llegue a ver a su hijo.  

Una vez que se le ha acabado el dinero con el que salió de su casa, Ana no, tiene que recurrir a mendigar y solicitar trabajo por los diferentes lugares por los que pasa para comprar pan y tocino. Se relatan en el libro numerosas anécdotas que fueron recordadas por l@s asistentes: Ana acompañada de una perra sarnosa; Ana lavando los cadáveres de un hospital; Ana en compañía de un ciego y su guitarra que le enseña a leer y escribir; Ana presidiendo una comida con el Sr. Obispo y el Gobernador Militar al haber sido elegida entre los indigentes que estaban en la puerta de la catedral para la campaña del Régimen “ponga un pobre en su mesa”; Ana en el Valle de los Caídos; Ana subida en autobús, después de recibir 400 ptas. y un bocadillo dirigiéndose a la Plaza de Oriente para homenajear al Caudillo (sin saberlo, por supuesto); Ana formando parte de los titiriteros de un circo a la que contratan para que les dé de comer a los animales y con los que llega, por fin, al norte.

Una vez que llega a la cárcel habla con el director de la prisión a quien pide excusas por haber venido en domingo. Este le comunica a Ana no, tras consultar el expediente, que su hijo Jesús Paucha, condenado a cadena perpetua, falleció en junio a la edad de cincuenta y tres años, tras una epidemia de disentería que afectó a muchos presos. Ana se derrumba.  En su momento -continúa el director- le fue enviada una carta a su domicilio pero que fue devuelta por no haber nadie en él. Ana, pregunta: ¿Y su tumba? No hay tumba -le respondió-. Los enterraron juntos en una fosa común. Había que evitar el contagio. Muchas gracias –contestó Ana no-. Coge el hatillo y salió repitiendo una y otra vez, Jesús Paucha González, el pequeño, fallecido, que quiere decir muerto… 

No vuelve a la carretera que la llevaría a la ciudad. Observa que algunas aves carroñeras planean allá arriba. Rodea la cárcel y observa un cercado con una triple hilera de alambrada. Se imagina que ahí están los cuerpos. Cava con sus manos un agujero  para pasar por debajo. Llama a la muerte: “Vamos a ajustar cuentas” -le dice-. La muerte está ahí. Ana lo sabe. Ya no puede articular sonidos. Vuelve a nevar, envolviendo en un sudario el cadáver de una mujer llamada Ana Paucha, de setenta y cinco años, esposa, madre y viuda de cuatro hombres Paucha.

“El personaje de Ana es conmovedor”. “Es un libro para leerlo despacio”. “Ana me recuerda a personajes lorquianos femeninos”. “La novela me ha parecido emocionante por tanto dolor y tristeza que he leído de una sentada”. “Ana no, es un ejemplo de valor, ternura y fortaleza extrema”.  Son algunos de los comentarios que se hicieron sobre la novela.

Ana Paucha, Ana no, el fiel retrato de los perdedores en la España de la posguerra.

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Próximo libro

Título: “La librería ambulante”            Autor: Christopher  Morley  

 Fecha: 15 de diciembre                        Hora: 18:30  

 Lugar: Centro Cultural  La Azucarera   de Torre del Mar     

Sobre el autor

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